He tenido la sensación de saber algo desde siempre sin tener ninguna certeza de ello. Saber sin recordar lo que sabes… como en los sueños, haces un viaje pero luego, al despertar, todo es borroso, no recuerdas exactamente el dónde estuviste, solo queda un vago recuerdo, una sensación de cómo te has sentido, una sensación que se te queda pegada en la piel.
Puede que la llave que nos lleva a Wonderland sea un poco esto, un vago recuerdo de una clave que no aciertas a esgrimir, un destello de algo que conoces bien pero que no alcanzas a tocar. Y en esa intuición, en esa sensación, está la llave. Si la reconoces, si crees haberla encontrado, aférrate a ella, no la dejes marchar, porque sin la llave el mundo se vuelve más gris, más plano, más real de lo que debería ser.
Puede que desde siempre hayamos sido dueños de nuestra llave, pero que con el paso del tiempo la olvidamos, dejamos de verla. Nos distraemos con cosas nimias, con lo urgente, con lo que parece importante. Y un día dejamos de escuchar esa voz que antes nos guiaba, la que nos decía por dónde seguir o cuándo quedarnos quietos.
Como Alicia, dejémonos caer,
abandonémonos en un viaje sin retorno.
Una caída, una aventura, una búsqueda hacia ese lugar íntimo
donde aún resuena la infancia
y lo imposible vuelve a ser posible.
Si has reconocido
la llave, sigue.
Wonderland te espera entera — el cuento, los destellos, los seis umbrales. Empieza por donde quieras.