Las Casualidades
Destello de Wonderland ✦ Lectura libre

Las Casualidades

De casualidades emocionales está fabricado el tejido de nuestro destino.

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Siempre he tenido la sensación de que todo está conectado, de que nada es arbitrario, que dentro del caos reina un orden y que las cosas pasan por alguna razón.

De alguna manera nos atraemos unos a otros, de forma similar a cómo funcionan los gravitones, nos regimos en las emociones por una ley parecida a la ley de la gravedad. Tiene importancia con quien te cruzas una mirada, de quien te sientas cerca o a quien vuelves a ver una y otra vez de manera recurrente. Tienen importancia los sueños y los pensamientos no dirigidos. Y tiene importancia lo que sientes cuando prestas atención a estos acercamientos casuales. La mayoría no cambian nada, no son nada más que destellos, pero algunos lo cambian todo, te cambian.

Esta atracción genera sucesos, con cierta incertidumbre en tiempo y espacio. Pero depende de nuestra conexión con el mundo que dicha incertidumbre sea mayor o menor.

Cuando somos niños estamos más conectados, tenemos mentes más vírgenes, fluimos mejor con el mundo y por eso la intuición nos lleva más fácilmente a momentos o sucesos casuales constructivos.

Nos encontramos con mentes afines de manera sencilla, intuimos quién nos gusta y quién no casi sin mirarle, o decidimos llevar un camino que no es el que nos están marcando porque tenemos la convicción de que ese es el bueno. Incluso podemos ser capaces de identificar sin ningún ápice de duda a nuestra alma gemela en el jardín de infancia.

Si nos paramos a pensar, seguramente en nuestras vidas hemos tenido infinidad de casualidades. A algunas les hemos hecho caso, las hemos seguido a corazón abierto sintiendo que detrás de aquello había algo más, y a otras las hemos ignorado pensando que solo era una mera coincidencia.

Con el tiempo nos vamos desconectando, nuestra energía sensorial disminuye, nuestra captación de estímulos desaparece y las casualidades disminuyen, o no las vemos porque nuestra mente está distraída.

A veces la casualidad no es el encuentro, sino lo que compartes. Puede ser un detalle, cambiar impresiones de un libro que habéis leído, puede ser escuchar música juntos en un desván, puede ser un atardecer en un acantilado dejándote atravesar por el rayo verde y sentir que estás pensando y sintiendo lo mismo que esa persona, puede ser la manera en la que te ofrecen una cerveza mientras te miran. Eso también son estas casualidades. Porque estás en el lugar adecuado, en el momento adecuado, con las sensaciones adecuadas hablando del tema perfecto para sentir que vibráis igual. Y bueno, una vez ante las casualidades elegimos avanzar o huir.

De hecho puede que pasen las dos cosas a la vez, como en la paradoja de Schrödinger. Puede que puedas existir en dos estados al mismo tiempo, tomar las dos vías ante este suceso y estar vivo y muerto a la vez, conectar o dejar que se desvanezca al mismo tiempo. Yo prefiero abandonar la opción de morir y quedarme con la de sentir. Que la de morir la viva mi otro yo.

De todas maneras, vivo o muerto, el gato está en la caja.

¿Y si en realidad tenemos que poner un poco de empeño y ayudarnos a nosotros mismos a volver a conectar y a generar esas casualidades que nos hacen sentir y tomar la vía de la emoción?

Porque de casualidades emocionales está fabricado el tejido de nuestro destino.

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