Siempre he pensado que Batman debe sentirse un poco solo. A veces, yo también me siento así.
Ser el Caballero Oscuro no debe de ser tarea fácil. Vivir escondido en tu Batcueva, escuchando los ecos de Gotham, pendiente de las señales de peligro.
Y allí, en su cueva, no hay espacio para nadie más. Porque su misión es salvar el mundo. Y, a veces, la compañía no ayuda en ese tipo de misiones.
Alice, en cambio, vive en un lugar donde todo es posible. También hay villanos, claro, pero ella nunca está sola. Tiene grandes amigos.
El Sombrerero Loco, que no está loco, solo vive en un mundo que olvidó cómo soñar.
El Gato de Cheshire, que sonríe aunque todo parezca un desastre, como si supiera un secreto que los demás desconocen.
Absolem, la oruga sabia, que siempre sabe cuándo hablar y cuándo es mejor dejar que el silencio hable.
Quizá Batman debería saltar de su historia a la de Alice. Dejar por un momento la oscuridad de Gotham y mirar a través del espejo.
Quizá allí descubriría que incluso los héroes necesitan un poco de luz, un poco de juego, y amigos con los que reír.
Tal vez, si lo hiciera,
Gotham también se convertiría en su Wonderland.