La fiesta está preparada. Te estábamos esperando en tu no cumpleaños. Aquí siempre es la hora de jugar. El Sombrerero reparte naipes y tú decides qué hacer con tus cartas.
Bienvenida a mi fiesta de no cumpleaños. Aquí el tiempo no se mide y siempre hay algo que celebrar. Las reglas son pocas, y ninguna aburrida.
El reparto. Yo barajo y te ofrezco dos sitios en la mesa. Te sientas donde te llame — no hay respuesta correcta, solo la tuya. De cada elección sale un naipe: una carta-espejo que te devuelve cómo piensas.
Tu baraja. Cada naipe que eliges queda contigo. Jugando reúnes tu mano: siete cartas que, juntas, son tu forma de pensar.
La cita. Si quieres, añades una frase tuya al naipe. Corta. Tuya. Es tu manera de asomarte — pero solo si te apetece.
Echarlo a rodar. Un naipe puede quedarse contigo o salir al mundo: se lo envías a alguien, o lo imprimes y lo dejas en una cafetería, una librería, entre las páginas de un libro. Quien lo encuentre tendrá una llave para entrar en Wonderland.
Tu nombre aquí es un número. Firmas con tu número de Wonderland, no con tu nombre. Te reconocen sin saber quién eres. Si algún día quieres darte a conocer, es decisión tuya, carta a carta.
Lo que cuido:
Wonderland guarda tus datos, pero nunca los enseña a otra persona ni los cede a nadie. Tu contacto es tuyo.
Las citas se revisan: nada de insultos, odio, contenido sexual ni publicidad. Esto no es un tablón de anuncios.
Quien cruce esos límites pierde su sitio en la mesa: se le expulsa de la fiesta. Con los menores, tolerancia cero.
Esto es un juego para abrirse y encontrarse, no una red social. Aquí no se sigue a nadie ni se colecciona público.
— El Sombrerero
✦ Ya está en tu baraja.
Compártela donde quieras —Instagram, WhatsApp, quien tú elijas—. Quien la reciba tendrá una llave para entrar en Wonderland.
Guárdala como imagen para tenerla, imprimirla y dejarla en algún rincón del mundo —una cafetería, una librería, entre las páginas de un libro—.