De repente y sin darnos cuenta encontramos en esas relaciones casuales algo que nos interesa; parece que la amiga de mi prima no es tan tonta, o igual la chica pelirroja que me saluda en el gimnasio tenga algo más interesante que decir que un simple hola.
Puede pasar que te encuentres envuelto en un grupo sin darte cuenta: el grupo de vecinas cotillas en la piscina de la urbanización de verano, el grupo del equipo de futbito que han organizado los del curro, el club de lectura de fans de Paul Auster, los cinéfilos con los que te juntas para ir a ciclos o reposiciones de Woody Allen, o simplemente el grupo de padres con los que te tomas una caña mientras veis a vuestros hijos jugar en los columpios.
Lo normal es que todo quede aquí, es difícil conectar más allá con las personas a nivel cognitivo sólo por una pertenencia grupal. Nos juntamos por algún tipo de afinidad o interés común. Y podemos profundizar pero solo en ese campo, en ese interés o punto en común: en el cotilleo de la vecina más extravagante, la táctica de fútbol que hemos ensayado hoy, la intención o la verdad escondida en el libro que hemos leído este mes, la belleza oscura y obscena de esa escena de Manhattan y el sentido del humor desgarrador y adorable de Annie Hall, o simplemente en los planes que vamos a hacer la próxima vez para que los niños se diviertan.
Además puede pasar que al entrar en otros campos descubramos que esas personas nos desagradan, podemos incluso detestar todo aquello que no tiene que ver con ese interés común. Por eso, o las dejamos en este círculo, o las desterramos al casual esquivando esos encuentros grupales, evitando su presencia, sus miradas.
En general las relaciones por pertenencia al grupo están abocadas a cambiar de círculo, porque la vida es cambiante y lo que hoy te hace pertenecer a un grupo, mañana toca a su fin. Las vecinas dejan de ir a la piscina de la urbanización, el grupo de futbito se disuelve porque os hacéis mayores o por lesiones, el club de lectura te acaba hartando y acabas habiendo visto mil veces las películas de Woody Allen, y por supuesto los niños dejan de ser niños y ya no necesitan que les cuiden sus padres con mirada atenta y caña en mano mientras juegan.
En mi opinión la mayoría de la gente tiene algo que aportar pero también pienso que la mayoría de la gente es detestable. Por eso lo lógico en mi cabeza es pasar de la afinidad a lo casual en un tiempo. Desde siempre he encontrado algo de desagrado en la proximidad de las personas: puede ser su olor, su tacto, sus palabras vacías, sus pensamientos poco interesantes…
Para algunas personas, pasar al siguiente círculo es sencillo;
para otras requiere mayor impulso.
El siguiente círculo
te espera.
De la afinidad a la amistad. Cuando el roce se queda y empieza a haber historia compartida.
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