Las personas dicen que los recuerdos viven en la cabeza.
Pero mi cerebro es como un gran baúl sin fondo.
Allí dentro todo flota.
Las personas dicen que los recuerdos viven en la cabeza. Pero mi cerebro es como un gran baúl sin fondo.
Allí dentro todo flota: una silla que no toca el suelo, un conejo con traje, una taza de té que nunca se vacía.
En cambio, mis cosas... las que han vivido conmigo, las que han compartido mis juegos y mis días, ellas sí guardan la clave de mis recuerdos.
Mi stick de hockey, viejo y sucio. Mi peluche de koala, recosido y cansado. Mi camiseta del verano, ahora un poco más pequeña.
Todas mis cosas me toman de la mano y me llevan, sin prisa, al país de los recuerdos.
Son mi camino de regreso a casa.