Leer es divertido.
Pero los libros… no siempre se dejan.
A veces, las letras deciden montar una fiesta.
Leer es divertido. Pero los libros… no siempre se dejan.
A veces, las letras deciden montar una fiesta, una loca fiesta de no-cumpleaños desde el otro lado del espejo.
La "e" se acerca a la "a", la "g" pierde la cabeza, el 5 juega al escondite con el 7.
Entonces las frases se desordenan, las palabras se confunden, y el libro deja de ser un libro. Se convierte en una sala de baile, en un alegre sinsentido.
Cuando eso pasa, no me queda más remedio que cerrar los ojos e imaginar cómo será la historia que aquel libro quería contar.
Por eso, puede que sea mejor idea empezar el libro por el final. De atrás hacia adelante.